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10 obras de arte en París que no te puedes perder

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Los amantes del arte saben que visitar ciudades capitales es incluir en el itinerario de viaje varios museos, y París es el ejemplo ideal. A la par de sus fantásticos bulevares, gastronomía, atardeceres de ensueño y monumentos reconocibles en todo el mundo, la Ciudad Luz tiene un acervo cultural que muchas ciudades y países pueden envidiar. Así es que, si estás interesado en estar frente a frente a varias de las obras de arte más famosas del orbe, aquí te dejamos 10 piezas únicas que llenarán tu viaje de encanto:

La Gioconda (la Mona Lisa), de Leonardo da Vinci. Museo del Louvre

Éste es uno de los cuadros más populares del mundo y fue pintado por uno de los más grandes artistas de todos los tiempos entre 1503 y 1505. Esta obra renacentista de Leonardo da Vinci retrata a Lisa Gherardini, cuya sonrisa es un ícono artístico que la ha convertido en la pintura más popular del Louvre y la satura de visitantes que desean una foto del famoso óleo diariamente. Los misterios que guarda esta pieza convirtieron a La Gioconda en uno de los personajes más conocidos de da Vinci.

Bodas de Caná, de Paolo Veronese. Museo del Louvre

Napoleón sustrajo esta obra en la Campaña de Italia en 1797 y es parte de la colección del Museo del Louvre desde 1798. Es una de las obras más importantes de la pintura veneciana y es la recreación personal de Veronese del relato bíblico de las Bodas de Caná, parte del Evangelio de Juan en el Nuevo testamento. Pintada entre 1562 y 1563, es un óleo monumental de 994 cm de ancho por 677 de alto que, sin duda, lo hace uno de los más imponentes de las colecciones francesas.

Venus de Milo. Museo de Louvre

La Afrodita (diosa del Amor) de Milo, más conocida como Venus de Milo, es una de las estatuas más conocidas en las esculturas de la antigua Grecia, creada entre el 130 a.C. y 100 a.C. Con más de 2 metros de altura (mide aproximadamente 211 cm), gran perfección en sus proporciones, y una delicadeza y serenidad que parecen insuperables, esta diosa del amor y la belleza es considerada un ideal clásico de belleza.

Victoria de Samotracia. Museo de Louvre

La impresionante representación de la diosa Niké tiene el nombre de Niké de Samotracia o Victoria de Samotracia gracias a que fue descubierta en la región griega de Samotracia en 1863 y es una de las piezas cúspide del museo que la alberga. Elaborada en mármol cerca del 190 a.C., y con 2.75 m de altura, ya sea de lejos, subiendo la escalinata en la que se ubica, o justo frente a ella, esta pieza asombra y enamora a quien está en su presencia.

El Origen del Mundo, de Gustave Courbet. Museo de Orsay

Provocadora y controvertida incluso en tiempo presente, esta pintura es de visita obligatoria en el Museo de Orsay. Fue pintada en 1866 pero estuvo oculta durante muchos años hasta 1995, cuando la pinacoteca mencionada decidió ponerla en exhibición. La obra sigue despertando sorpresa; la cara de la gente cuando se encuentra con ella es irrepetible, además de los murmullos y hasta rubores que despierta esta pieza que no muestra más que el “origen del mundo”, el lugar de donde todos venimos.

Almuerzo sobre la hierba, de Édouard Manet. Museo de Orsay

En Le Déjeuner sur l’Herbe, pintado en 1863, Manet muestra una escena de un almuerzo campestre, la cual fue considerada corriente y controvertida al mostrar una mujer completamente desnuda rodeada de hombres vestidos. El cuadro fue tachado de irritante en el Salón de los Rechazados de 1863, pero hoy en día es una estrella de Orsay, y al estar frente a él es imposible no sentirse parte de la escena y al mismo tiempo observado por su personaje principal.

Los Acuchilladores de Parqué, de Gustave Caillebotte. Museo de Orsay

Caillebotte, siendo burgués, pinta una de las primeras piezas del proletariado urbano, alejada de cualquier alusión política o moral, lo cual causó desaprobación de intelectuales de su época que lo tacharon de vulgar por inmortalizar trabajadores urbanos. Tres hombres con torsos desnudos acuchillan un suelo de madera burgués y son protagonistas de un encuadre y perspectiva marcados que, gracias a al dibujo y a la luz (de un trabajo extraordinario) nos recuerdan a las figuras de dioses en la pintura clásica.

La noche estrellada, de Van Gogh. Museo de Orsay

Puede que esta sea una de las obras más conocidas de Vincent Van Gogh, quien representa varias veces los efectos de la noche, sobre todo en Arles, la ciudad en la que vivía en 1888. Esta Noche Estrellada (La nuit étoilée), es una vista del río Ródano que muestra los colores azules que el artista percibía en la obscuridad contrastados por los naranjas y/o amarillos de las luces y estrellas que se reflejan en el agua. No hay que confundirla con su homónima que se encuentra en el Museo MoMA de Nueva York que, aunque tal vez más famosa, es totalmente diferente.

El Pensador, de Rodin. Museo Rodin

Una de los trabajos más famosos del escultor Auguste Rodin fue concebida entre 1881 y 1882; El Pensador (Le Penseur). Aunque la primera escultura del pensador se hizo en 1880 y mide 70 cm, Rodin decidió agrandar la escultura en 1902 y hacerla de una altura de 180 cm, con lo que la obra obtuvo críticas favorables que incrementaron su popularidad y desde 1904 se encuentra en el Museo Rodin, aunque existen varias fundiciones de esta obra alrededor del mundo. Sin duda, una obra que a nadie deja indiferente y que intriga y emociona a quien la tiene de frente.

Los Nenúfares, de Monet. Museo de l’Orangerie.

Los Nenúfares (Les Nymphéas) son varias pinturas al óleo del impresionista Claude Monet en sus últimos años de vida, y las cuales son las protagonistas en el Museo de l’Orangerie. Grandes paneles de hasta 220×602 cm representan el estanque con plantas exóticas del Jardín de Giverny, el sitio donde Monet vivió con su familia. Sus modelos, los nenúfares, pintados en estos grandes lienzos para que fueran colocados en una estancia circular a fin de que el observador pudiera apreciar la evolución de estas delicadas plantas durante el día y los cambios que las estaciones ocasionaban en ellas, se dice que inspiraron composiciones de Paul Cézanne y las formas de algunos cubistas como Braque o Picasso.

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